¿Voy o Boy?【RESPUESTA FÁCIL】+ EJEMPLOS
Las letras ‘b’ y ‘v’ son primas hermanas, ya que tienen una pronunciación muy parecida, especialmente si hablamos rápidamente o modulamos no tan claro. El caso que analizaremos hoy es si escribir voy o boy, que hace referencia una forma verbal del verbo ir. Otros ejemplos de dudas que aparecen por no saber si escribir con ‘b’ y ‘v’ son vaso o baso, servir o serbir y sabia o savia.
La mejor forma de mejorar la ortografía es teniendo un buen hábito de lectura, lo cual te ayudará a recordar mejor cómo se escriben las palabras.
Te mostramos cómo se escribe voy o boy.
Boy
La palabra ‘boy‘ no es reconocida por la Real Academia Española (RAE), por lo que no debes escribirla con ‘b’. No confundir con la palbra en inglés ‘boy’, que significa ‘niño’.
Voy
La forma correcta de escritura es ‘voy‘, con v, siendo la primera persona del singular del presente de indicativo del verbo ir. Te mostramos algunos ejemplos con su uso:
- Voy todas las mañanas a trotar.
- No voy a poder ayudarte.
- Si ella va, entonces también voy yo.
Te mostramos también algunas expresiones con la forma verbal ‘voy‘:
- A eso voy: Se usa para reforzar o recalcar algo ya mencionado en una conversación.
Ejemplo: A eso voy, efectivamente eso le había dicho. - Voy a menos: Empobrecerse o empeorar su situación.
Ejemplo: Con esta crisis financiera, cada día voy a menos.
Sinónimos de ‘voy’
La palabra voy, como sabemos, deriva del verbo ir. Te mostramos los sinónimos del verbo ir, pero en la misma forma verbal que ‘voy‘ (primera persona del presente de indicativo).
- Me traslado
- Me dirijo
- Me traslado
- Parto
- Marcho
Cómo se dice ‘voy’ en otros idiomas
La forma verbal ‘voy’, esto es, la primera persona del presente del verbo ir, se traduce de la siguiente forma en otros idiomas:
- Inglés: I go
- Francés: Je vais
- Portugués: Eu vou
- Italiano: Io vado
- Catalán: Jo o

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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