Una sierra puede referirse a una herramienta para cortar materiales duros, a una cadena montañosa o a un tipo de pez. Cierra, por su parte, es el verbo cerrar en distintas de sus formas personales.
Como tal, sierra y cierra son palabras homófonas, pues en la mayor parte del mundo hispanohablante la s y la c se pronuncian exactamente igual, mientras que en España son consideradas parónimas.
Cuándo usar sierra
Sierra es un sustantivo femenino; se refiere a una herramienta utilizada para cortar distintos tipos de materiales, como madera o piedra. Como sierra también se designa una cordillera montañosa y un tipo de pez. La palabra, como tal, proviene del latín serra.
Por ejemplo:
- Cortaremos las tablas con esta sierra.
- La sierra está nevada y se ve hermosa desde aquí.
- El pez sierra es delicioso.
Cuándo usar cierra
Cierra es el verbo cerrar conjugado en segunda (usted) y tercera (él, ella) persona de presente de singular en modo indicativo, así como segunda persona de imperativo. Cerrar, como tal, es un verbo que puede referirse a muchas cosas, como asegurar una puerta o una ventana, tapar un hueco, obstaculizar el tránsito en una vía, impedir la salida del agua en un grifo, o concluir o poner fin a algo, entre otras cosas. La palabra proviene del latín vulgar serrare, y es una variante del latín tardío serāre, derivado del latín sera, que significa ‘cerrojo’.
Por ejemplo:
- Por favor, cierra la ventana que entra el frío.
- Cierra la boca y escucha lo que te tengo que decir.
- La herida cierra después de que es desinfectada.
- Si usted cierra esta calle va a crear un caos en la ciudad.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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