Las reglas ortográficas son las normas que se aplican en la escritura (como, por ejemplo, saber cuándo poner una tilde). El uso correcto de las reglas nos permite interpretar mejor un escrito y evitar ambigüedades en el texto.
El conocimiento de las reglas ortográficas resulta de gran importancia debido a que:
- Son un elemento de cohesión. En lenguas universales, como el español, donde existen diferentes variedades, las reglas uniforman la escritura, facilitando su interpretación.
- Mejoran la imagen social de una persona. Si se escribe sin seguir las reglas (lo que se conoce como faltas de ortografía), la imagen social puede resultar dañada.
- Se evitan ambigüedades. Ortográficamente, la diferencia entre animo y animó está en la tilde. Sin embargo, esta tilde nos permite diferenciar el tiempo y persona en el verbo animar.
A continuación, vamos a ver las principales reglas de ortografía sobre acentuación, puntuación y determinadas letras.
Reglas de acentuación
Las palabras se dividen en tres grupos principales, dependiendo de la posición de la sílaba tónica (la que tiene más intensidad). Se dividen en agudas, llanas y esdrújulas. Veamos las reglas sobre cuándo se escriben con tilde (´).
- Palabras agudas: su sílaba tónica es la última. Llevan tilde cuando terminan en vocal, -n o -s: cantó, canción, después, portugués, papá, recibí, escorpión.
- Palabras llanas: su sílaba tónica es la penúltima. Llevan tilde cuando no terminan en vocal, -n o -s:jardín, lápiz, cónsul, dátil, retráctil, azúcar.
- Palabras esdrújulas: su sílaba tónica es la antepenúltima y siempre llevan tilde: pájaro, esdrújula, brújula, murciélago, neumático, traumático, práctico, lóbrego.
Las palabras monosílabas solo se escriben con tilde cuando hay necesidad de diferenciar la categoría gramatical de la palabra. tu (posesivo) y tú (pronombre); mi (posesivo) y mí (pronombre); si (conjunción) y sí (adverbio o pronombre); el (artículo) y él (pronombre), etc. Es lo que se conoce como tilde diacrítica.
Monosílabos como ti, pie o fue no llevan tilde. Su escritura con tilde, aunque frecuente, es un error.
También puede ver Reglas de acentuación gráfica en español

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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