¿Prevención o Prevensión? - Cómo se escribe
La forma correcta de escritura es prevención, con «z», mientras que, por otra parte, escribir «prevensión» es incorrecto pues esta última palabra no existe en el idioma español. En los países americanos de habla hispana, la pronunciación de prevención y prevención es la misma, por lo cual es entendible que muchos no tengan claro cómo escribir con la correcta ortografía en casos como estos. Ahora que ya hemos aclarado la palabra correcta, te mostramos su definición.
Definición de prevención
La forma correcta de escribir es acción y efecto de prevenir, aunque en un sentido más específico, «prevención» es muy usada para referirse a la preparación y disposición que se hace anticipadamente para evitar un riesgo o ejecutar algo.
Ejemplos:
- La prevención de riesgos es un área muy importante en el mundo de la construcción y las obras civiles.
- Mejor ejercer prevención de los peligros que lamentar los daños.
- Un buen doctor debe siempre intentar enfocar su atención hacia la prevención de las enfermedades, no solo a su tratamiento.
Sinónimos de prevención
- Preparación
- Disposición
- Medida
- Advertencia
- Previsión
- Organización
- Preparativos
Cómo se dice prevención en otros idiomas
- Cómo se dice prevención en inglés: prevention
- Cómo se dice prevención en francés: prévention
- Cómo se dice prevención en italiano: prevenzione
- Cómo se dice prevención en portugués: prevenção
- Cómo se dice prevención en catalán: prevenció

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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