Las cualidades son aquellas características que distinguen a alguien o algo. Las cualidades de la personalidad nos diferencian de los demás y, a su vez, nos definen como seres humanos e individuos. Por ejemplo, la lealtad es una de las cualidades positivas más valoradas entre las relaciones familiares y de amistad.
Existe una gran lista de cualidades, algunas de mayor importancia que otras según el contexto, que definen nuestras habilidades, forma de ser y de actuar.
A continuación te presentamos una lista de ejemplos de cualidades consideradas como las más importantes en una persona.
1. Responsabilidad
2. Autenticidad
3. Sinceridad
4. Integridad
5. Honestidad
6. Buena actitud
7. Afabilidad
8. Gusto por aprender a lo largo de la vida
9. Saber escuchar
10. Bondad
11. Capacidad de organización
12. Capacidad de administrar
13. Orientación a objetivos
14. Prudencia
15. Buen juicio
16. Capacidad de análisis
17. Determinación
18. Resiliencia
19. Optimismo
20. Fuerza de voluntad
21. Perseverancia
22. Puntualidad
23. Valentía
24. Tenacidad
25. Competitividad
26. Generosidad
27. Honor
28. Lealtad
29. Versatilidad
30. Sentido del humor
31. Simpatía
32. Buena disposición
33. Sensibilidad
34. Empatía
35. Persistencia
36. Disposición
37. Proactividad
38. Paciencia
39. Higiene
40. Creatividad
41. Imaginación
42. Cuidado al detalle
43. Iniciativa
44. Liderazgo
45. Audacia
46. Flexibilidad
47. Equidad
48. Firmeza
49. Moderación
50. Versatilidad
51. Agilidad
52. Autonomía
53. Coraje
54. Autocontrol
55. Comprensión
56. Ser sociable
57. Capacidad de ahorrar
58. Elocuencia
59. Visión de futuro
60. Perfeccionamiento
61. Disciplina
62. Compromiso
63. Asertividad
64. Coordinación
65. Madurez
66. Realista
67. Velocidad
68. Resistencia
69. Equilibrio
70. Perspicacia

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

Deja una respuesta