Has es la forma auxiliar del verbo haber usada para la formación de tiempos compuestos. Haz, por su parte, es el verbo hacer en la segunda persona de imperativo. As, en cambio, es un sustantivo que puede tener dos significados: o bien referirse a una carta, o bien a una persona sobresaliente en su ámbito.
La diferencia entre has, haz y as se percibe sobre todo en la escritura en el caso de los países seseantes, donde no hay oposición entre el sonido de la s y de la z. En cambio, en España, donde sí existe esta distinción, es fácil apreciar cuándo se dice haz y cuándo has o as debido a la pronunciación, lo que permite identificar cómo se escribe.
Cuándo usar has
Has es el verbo haber conjugado en la segunda persona de singular de presente de indicativo. Se usa en la formación de tiempos compuestos, de modo que va siempre seguido de un participio (has + participio), dando lugar a la forma verbal de la segunda persona de singular de pretérito perfecto compuesto, también conocido como antepresente.
Por ejemplo:
- ¿Todavía no te has enterado?
- Has encontrado una solución fabulosa.
También aparece en la forma haber de + infinitivo, que indica obligación o necesidad. En este sentido, es equivalente a ‘tener que’. Algunos ejemplos de uso en oraciones con esta construcción:
- Has de ir al doctor antes de que empeores.
- No has de hacer nada hasta que te indique.
Cuándo usar haz
Haz puede ser una forma personal del verbo hacer o un sustantivo de género masculino o femenino.
Como verbo, haz es la forma de segunda persona de singular de imperativo de hacer; se emplea para pedir o exigir a alguien que realice o ejecute una tarea o se encargue de un asunto. Implica un mandato, una orden.
Por ejemplo:
- Haz las cosas con cautela, hijo.
- Por favor, haz la tarea.
- Haz lo que te digo y todo saldrá bien.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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