La palabra ecología se forma a partir de las raíces eco- y -logía. Eco- proviene de la palabra griega οἶκος (oikos), que significa 'casa', 'vivienda', aunque entendida como hábitat, lugar donde se vive. Logía, por su parte, deriva de la voz griega λóγος (logos), que se puede traducir como 'estudio' o 'tratado', pero también como 'ciencia' o 'teoría'.
Así, pues, la ecología vendría a ser la ciencia que se encarga del estudio de los seres vivos en cuanto habitantes de un medio, de las relaciones que mantienen entre sí y las que tienen con el propio medio en que habitan.
Esta disciplina científica, perteneciente al área de la biología, fue así bautizada por el naturalista alemán Ernst Haeckel en el año 1869, responsable en Alemania por la difusión de las teorías de Charles Darwin.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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