Cómo se escribe ¿Zalamero o Salamero?
En los países latinoamericanos, la pronunciación de las letras «s» y «z» es la misma, razón por la que al hablar, el sonido de zalamero y salamero es idéntico (salvo en España). Cada vez que esto sucede, existe cierta confusión sobre la ortografía al escribir entre estas palabras.
Debemos aclarar entonces que la palabra correcta es zalamero, mientras que, por otra parte, «salamero» no existe en el español por lo que nunca debes escribirla con «s». Ahora que ya está aclarada la correcta ortografía, te enseñamos su definición y más.
Definición de zalamero
Zalamero se define como «que hace zalamerías». Por otra parte, una zalamería es una demostración de cariño afectada y empalagosa. Por lo tanto, una persona zalamera es alguien que se muestra más cariñoso de lo normal de las personas.
Dependiendo del contexto, una actitud zalamera puede ser no siempre tan bien visto socialmente, especialmente en círculos más conservadores. En otros contextos, una persona zalamera puede ser vista como alguien excesivamente servil o adulador.
Ejemplos:
- Mi abuelo es muy zalamero, pues siempre nos recibe con gritos y abrazos.
- Es una actitud muy zalamera de tu parte el decir que sí siempre a tu jefe.
- No hay que caer en esa forma de ser zalamera de celebrarle todo a los hijos y mimarlos.
Sinónimos de zalamero
Cuando el ser zalamero equivale a ser servil en exceso, sus sinónimos son:
- Halagador
- Lisonjero
- Adulador
- Pelotillero
- Lameculos
Cómo se dice zalamero en otros idiomas
- Cómo se dice zalamero en inglés: smarmy
- Cómo se dice zalamero en francés: enjôleur, enjôleuse
- Cómo se dice zalamero en italiano: adulatore
- Cómo se dice zalamero en portugués: bajulador
- Cómo se dice zalamero en catalán: afalagador

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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