Cómo se escribe ¿Viaje o Biaje?
¿»Biaje» o «viaje»? En algunos lugares la pronunciación no varía mucho entre la «b» y la «v» pero en la escritura sí se notará una falta de ortografía, que puede darnos una mala imagen al estar incorrectamente redactada la palabra. En este artículo te mostramos un ejemplo de esto al analizar cómo se escribe: biaje o viaje.
Algunos casos interesantes donde también puede haber confusión en el uso de la ‘b’ ya la ‘v’ son hira o ira, era o hera, ondo u hondo y ha o a, entre otros.
Por eso pon atención porque te mostramos cómo escribir correctamente entre biaje y viaje.
“Biaje” no está correctamente escrita, porque no se encuentra en la RAE.
- Ejemplo incorrecto: Hicimos un biaje por todo el país.
- Ejemplo incorrecto: Un biaje en avión
Viaje
“Viaje” es la forma correcta de escribir la palabra, y te mostramos su significado:
- Traslado hacia un lugar lejano.
Ejemplo: El viaje en moto hacia la casa de la montaña fue muy largo. - Recorrido entre 2 puntos.
Ejemplo: El avión realiza este viaje 3 veces a la semana. - Carga transportada sólo una vez, para aprovechar el espacio.
Ejemplo: Vamos a hacer un viaje con los ladrillos. - Efecto producido por sustancias o drogas de tipo alucinógeno.
Ejemplo: Me fumé una hierba y me di un viaje.
Para que puedas aumentar tu vocabulario, pon atención a los sinónimos de viaje:
- Desplazamiento
- Recorrido
- Traslado
- Marcha
- Travesía

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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