Cómo se escribe ¿Usansa o Usanza?
La forma correcta de escritura es usanza, con «z». Por otra parte, escribir «usansa«, con dos eses, es una incorrección lingüística que debe evitarse.
La razón por la que muchos se confunden en la ortografía correcta entre usanza y usansa es que ambas se pronuncian igual (salvo en España), siendo palabras homófonas. Ahora que ya sabes la palabra correcta, te mostramos su definición y ejemplos.
Cuándo usar usanza
Usanza se define como el ejercicio, costumbre o práctica de algo. Normalmente se usa como parte de la locución adverbial «a la usanza de» o «a la antigua/vieja usanza», que viene a significar: «según la costumbre o el gusto de la persona o el país que se expresa».
- A mi padre le gusta decorar a la antigua usanza, con muebles voluminosos y de madera.
- Como no había electricidad en la casa, se tuvo que cocinar a la antigua usanza, en hornos de leña.
- Esta es una casa construida a la vieja usanza, toda de madera.
Sinónimos de usanza
- Costumbre
- Práctica
- Tradición
- Moda
- Rutina
- Uso
- Uso
Cómo se dice usanza en otros idiomas
- Cómo se dice usanza en inglés: way, style
- Cómo se dice usanza en francés: usage
- Cómo se dice usanza en italiano: usanza
- Cómo se dice usanza en catalán: usança
- Cómo se dice usanza en portugués: usança

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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