Cómo se escribe ¿Untar o Huntar?
Se escribe correctamente como “untar”, refiriéndose a la acción de extender una materia sobre una superficie.
Al ser la “h” una consonante sorda (a menos que vaya acompañada de “c”) en la escritura tienda a confundirse. Conviene recordar que se escribe con “h” si la palabra empieza por los diptongos «ia», «ie», «ue» o «ui», omitiéndose la letra en los demás casos.
Huntar
No se encuentra en la RAE (Real Academia Española), por lo que no debes escribirla con «h» al principio.
Untar
Es una palabra que se menciona en la RAE, con los siguientes significados:
- Aplicar sobre una superficie cierta materia, esparciéndola sobre ella.
- Ejemplo: Tuvo que untar la mantequilla cuidadosamente para que no se derramara.
- Sobornar, intentar influenciar a una persona con dinero u otras ventajas para obtener un beneficio personal.
- Ejemplo: Se dejó untar por el político de turno, obteniendo un puesto de trabajo a cambio de concesiones para el alcalde.
Sinónimos de untar
Para aumentar tu expresividad, nada mejor que optar por alguno de estos sinónimos:
Engrasar, pringar, ungir, aceitar, rebozar, embadurnar, bañar, manchar, extender, administrar.
Cómo se dice “untar” en otros idiomas
Existen variadas lenguas en las que puedes apoyarte para mejorar tu aprendizaje del español:
El verbo untar tiene varias traducciones en inglés, según su significado en español:
- Extender salsa o mantequilla: spread
- Sobornar: bribe
- Mancharse: smear
En los demás idiomas posee estas traducciones:
- Cómo se dice “untar” en inglés: spread
- Cómo se dice “untar” en francés: étaler
- Cómo se dice “untar” en portugués: untar
- Cómo se dice “untar” en italiano: ungere
- Cómo se dice “untar” en alemán: bestreichen
En conclusión, recuerda que “huntar” no es una palabra que debas de utilizar.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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