Cómo se escribe ¿Suscribe o Subscribe?
Muchas veces en español queremos escribir o pronunciar un concepto pero no tenemos seguridad de cómo hacerlo al tener más de una opción en la mente, normalmente entre 2 términos similares entre si, pudiendo llevarnos a cometer errores ortográficos. En este artículo de Spoots veremos un caso de aquello al mostrarte cómo se escribe: suscribe o subscribe.
Algunos ejemplos de dudas de escritura en relación a si colocar o no la letra ‘b’ son ojeto u objeto, osceno u obsceno, subscribir o suscribir y obscuro u oscuro, entre otros interesantes casos. Pon atención porque a continuación te mostramos en detalle la diferencia entre subscribe y suscribe.
La palabra ‘suscribe‘ es correcta por lo que puedes usarla sin problemas. Corresponde a la tercera persona en singular del presente de indicativo del verbo suscribir. Si buscamos la definición de suscribir podemos nombrar a varias posibles:
- Firmar al pie de un documento. Ejemplo: El gerente suscribe hoy el pagaré que la empresa debe emitir.
- Estar de acuerdo con una opinión. Ejemplo: Juan suscribe siempre lo que su padre dice o piensa.
- Inscribir o inscribirse para recibir periódicamente una publicación. Ejemplo: Mi madre se suscribe todos los meses a la National Geographic.
Subscribe
Por otra parte, la conjugación ‘subscribe’ también existe en el español ya que el verbo al cual hace referencia (“subscribir”) es un sinónimo de suscribir, que habíamos visto recién. Por lo tanto, podemos citar a los mismos ejemplos:
- El gerente suscribe/subscribe hoy el pagaré que la empresa debe emitir.
- Juan suscribe/subscribe siempre lo que su padre dice o piensa.
- Mi madre se suscribe/subscribe todos los meses a la National Geographic.
Esperamos te haya quedado claro que suscribe y subscribe son sinónimos, ya que los verbos a los cuales hacen referencia (suscribir y subscribir) son sinónimos, pudiéndose usar indistintamente uno por otro.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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