Cómo se escribe ¿Super o Súper?
Muchas veces debemos escribir una palabra pero con dudas sobre si debe ir o no con tilde. En el lenguaje oral esto no presenta problemas pero sí en el escrito, pudiendo llevar a errores ortográficos que dan una mala imagen. En este artículo abordaremos una duda clásica del español en relación al uso de la tilde al mostrarte cómo se escribe super o súper.
Algunos ejemplos de dudas referentes al uso de la tilde son inutil o inútil, idolo o ídolo, élite o elite y di o dí, entre otros.
El término ‘super‘, sin tilde, solo existe en el español como un prefijo que va unido a la palabra que le antecede, sin que deba usarse el guion o un espacio entre ellos. Solo puede ir un espacio entre ‘super’ y la base a la cual hace referencia cuando esta se forma por un conjunto de palabras con significado unitario (‘estoy super a gusto aquí’). Te mostramos entonces a qué hace referencia el prefijo ‘super-‘:
- Preeminencia o excelencia.
Ejemplo: Superhombre. Superpotencia. Superdotado. - Encima de.
Ejemplo: Superponer. - Exceso.
Ejemplo: Superproducción. Superventas.
Súper
La palabra súper es reconocida por la RAE como sustantivo o adjetivo, por lo que en este caso puede llevar tilde y es la forma correcta de escribir una palabra con significado propio. LA RAE y otros diccionarios dan varias definiciones para ‘súper’:
- Abreviatura de supermercado.
Ejemplo: Vamos al súper a hacer las compras. - Que sobresale de los demás; extraordinario.
Ejemplo: Tengo una novia súper a la cual amo mucho. - Gasolina de octanaje superior.
¿Cuál es la diferencia entre súper y super? Esperamos te haya quedado claro que ‘súper’ es un sustantivo o adjetivo, siendo una palabra con significado propio, mientras que ‘super’, sin tilde, solo existe como un prefijo.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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