Cómo se escribe ¿Sujeción o Sujección?
La forma correcta de escritura es sujeción, con una sola c, mientras que es incorrecto escribir sujección, pues este último término no existe en el idioma español.
Cuándo usar sujeción
El significado principal de sujeción es «acción y efecto de sujetar», pero también tiene el sentido específico de «unión con que algo está sujeto de modo que no puede separarse, dividirse o inclinarse».
El verbo sujetar significa básicamente «afirmar o contener algo con la fuerza», pero también puede tener el sentido de «someter al dominio, señorío o disposición de alguien».
Ejemplos:
- La sujeción de la ropa colgada en este gancho es muy pobre.
- La sujeción de este pueblo bárbaro por parte del Imperio Romano fue cruel y tiránica.
- Utiliza esa goma como sujeción para el cuadro en la pared.
- La buena sujeción de las cuerdas fue importante para que los alpinistas no murieran frente a la tormenta en la montaña.
- No aguanto su sujeción excesiva a las normas.
Otro significado de sujeción se refiere a la formulación de preguntas por el orador o escritor a las que él mismo responde:
- El orador usó la figura de la sujeción, respondiendo a sus propias dudas, como un método para despertar el interés de sus alumnos.
Sinónimos de sujeción
- Atadura
- Ligación
- Traba
- Cadena
- Fijación
- Trabazón
- Unión
- Inmovilización
Cómo se dice sujeción en otros idiomas
Cuando nos referimos a sujeción como la acción de sujetar, te mostramos cómo se traduce:
- Cómo se dice sujeción en inglés: fastening
- Cómo se dice sujeción en francés: fixation
- Cómo se dice sujeción en italiano: legatura
- Cómo se dice sujeción en portugués: pegada

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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