Cómo se escribe ¿Sinvergüenza o Sin vergüenza?
El español es un idioma con una acentuación considerada simple, en comparación con otras lenguas, como el francés, el portugués o el vietnamita. Sin embargo, algunas palabras presentan un desafío a la hora de saber si van juntas o separadas, especialmente los adverbios. Es el caso que veremos en este artículo, sobre si escribir sinvergüenza o sin vergüenza.
Algunos ejemplos típicos de dudas que aparecen por no saber si escribir la palabra junta o separada son sobretodo o sobre todo, apenas o a penas, antemano o ante mano y amenudo o a menudo, entre otros.
La forma ‘sin vergüenza‘, escrita de forma separada no es una locución o conjunción sino que meramente es la suma de la preposición ‘sin’ y del sustantivo femenino ‘vergüenza’. En otras palabras, equivale a decir ‘sin miedo’ o ‘sin rubor’:
- Ella siempre actúa sin vergüenza, porque le da lo mismo lo que diga el resto.
- Ella habla sin vergüenza de si se reirán o no.
La palabra ‘sinvergüenza‘, escrita de forma junta, también existe en el español, siendo reconocida por la RAE. Es un adjetivo que se define como ‘la persona que actúa de forma maliciosa buscando el engaño’. Ejemplos:
- Ese sinvergüenza mo dio cambio de menos en la cuenta.
- Pedro es un sirvengüenza que siempre busca estafar al que se le cruce.
Sinónimos de sinvergüenza
La palabra sinvergüenza tiene varios sinónimos para definir a alguien pícaro y que busca sólo réditos personales:
- Descarado
- Caradura
- Fresco
- Canalla
- Pillo
- Pícaro
- Desvergonzado
- Granuja
- Deshonesto
Cómo se dice sinvergüenza en otros idiomas
Te mostramos cómo traducir sinvergüenza en las principales lenguas, para que puedas expresarte mejor cuando hables con extranjeros:
- Cómo se dice sinvergüenza en inglés: scoundrel, rascal
- Cómo se dice sinvergüenza en francés: effronté
- Cómo se dice sinvergüenza en portugués: sem-vergonha
- Cómo se dice sinvergüenza en italiano: furfante, canaglia
- Cómo se dice sinvergüenza en catalán: desvergonyit

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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