Cómo se escribe ¿Siervo o Ciervo?
Hoy hablaremos de siervo y ciervo, 2 palabras homófonas, esto es, que tienen igual sonido pero diferente escritura. Sin embargo, esta vez ambas palabras existen en el idioma español por lo que debernos tener cuidado sobre cuál palabra usar en función del contexto o definición que tengamos en mente.
Ciervo – Definición de la Real Academia Española (RAE)
La palabra “ciervo” existe en la RAE y en el idioma español, pero se refiere solo a un tipo de mamífero:
- Animal mamífero rumiante de la familia de los cérvidos, de pelo gris en invierno y pardo rojizo en verano. Tiene patas largas y cola corta, y cuernos en el caso del macho.
Ejemplo: En este bosque verás muchos ciervos rondando.
Siervo – Definición de la Real Academia Española (RAE)
La palabra “siervo” también existe en el español pero esta vez se refiere a una persona, no un animal, y te mostramos más claramente su significado:
- Persona que debe servir a otra, estando bajo su autoridad.
Ejemplo: Yo no soy siervo de ningún jefe. - (siervo de Dios) Persona de alguna orden religiosa que lleva ese título.
Ejemplo: El es un siervo de Dios. - Persona que debía servir a los señores feudales de la Edad Media.
Ejemplo: Los reyes de Francia tenían muchos siervos traídos de sus tierras conquistadas.
La palabra siervo se asocia más bien a otras épocas, en donde no existían derechos laborales sino un régimen de semi-esclavitud o esclavitud total. Te mostramos algunos sinónimos de siervo para que puedas ampliar tu vocabulario:
- Esclavo
- Sirviente
- Servidor
- Súbdito
- Vasallo
- Feudatario
- Plebeyo
- Cautivo
¿Cómo se dice siervo en otros idiomas?
Te mostramos cómo se dice siervo en otras lenguas europeas:
- Inglés: servant, slave
- Portugés: servo
- Alemán: leibeigene
- Francés: serf
- Italiano: servo della gleba

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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