Cómo se escribe ¿Reemplaso, Reemplazo o Remplazo?
La forma correcta de escritura es reemplazo y remplazo. Por otra parte, el término reemplaso no existe en el idioma español, por lo que no debes nunca escribirla de este modo, con una «s». Si bien la RAE reconoce tanto a reemplazo como remplazo, le da más importancia a reemplazo, con doble «e», por lo que para efectos de este artículo, usaremos esta forma, aclarando nuevamente que remplazo también es válida. Ahora que ya sabes la palabra correcta, te enseñamos su definición y cómo utilizarla.
Cuándo usar reemplazo
Reemplazo se define como la acción y efecto de reemplazar, esto es, se refiere a la sustitución que se hace de una persona o cosa por otra.
Ejemplos:
- El entrenador tuvo que hacer un reemplazo del jugador lesionado durante el partido.
- Vamos a tener que efectuar un reemplazo de la pieza defectuosa en el aparato.
- Yo soy el reemplazo de Pedro en caso de que él se ausente en la empresa.
Reemplazo también puede referirse específicamente a la renovación parcial del contingente del Ejército activo en los plazos establecidos por la ley.
Ejemplo:
- El ejército ya no tiene suficientes reemplazos, dado que a los jóvenes ya no les interesa enlistarse.
Sinónimos de reemplazo
- Sustitución
- Recambio
- Cambio
- Relevo
- Permuta
Cómo se dice reemplazo en otros idiomas
- Cómo se dice reemplazo en inglés: replacement
- Cómo se dice reemplazo en portugués: substituição
- Cómo se dice reemplazo en italiano: sostituzione
- Cómo se dice reemplazo en catalán: reemplaçament
- Cómo se dice reemplazo en francés: remplacement

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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