Cómo se escribe ¿Presión o Preción?
Preción y presión se pronuncian de la misma forma, razón por la que muchos se confunden sobre la correcta escritura entre ambas, pero debemos aclarar que presión es la palabra correcta, mientras que el término «presión» no existe en el idioma español, por lo que no debes escribirlo incluyendo la «c».
Ahora que ya está aclarada la correcta ortografía de la palabra, te enseñamos a utilizarla correctamente, además de darte ejemplos y otras importantes informaciones.
Cuándo usar presión
La definición principal de presión es: «acción de apretar o comprimir«:
- Tienes que hacer presión en el tubo para que salga la pasta.
- Aplica presión sobre la herida con esta gaza para que se corte la hemorragia.
Presión también se refiere a la fuerza moral o influencia ejercida sobre una persona para condicionar su comportamiento:
- No cederé a la presión social y me vestiré como me plazca.
- La presión que ejerce mi jefe es insoportable.
- La presión del parlamento lo obligó a dimitir.
Por último, presión es la magnitud física que expresa la fuerza ejercida por un cuerpo sobre la unidad de superficie y cuya unidad en el sistema internacional es el pascal.
- La presión se calcula sabiendo la fuerza y el área donde se aplica.
- Hay poca presión de agua en las cañerías así que no es posible ducharse bien.
- Esta impulsión de agua tiene una presión de bombeo de 30 bar.
Sinónimos de presión
Cuando presión se define como la acción de apretar o comprimir, sus principales sinónimos son:
- Compresión
- Empuje
- Aplastamiento
- Apretura
- Opresión
- Estrujamiento
Cómo se dice presión en otros idiomas
- Cómo se dice presión en portugués: pressão
- Cómo se dice presión en francés: pression
- Cómo se dice presión en italiano: pressione
- Cómo se dice presión en catalán: pressió
- Cómo se dice presión en inglés: pressure

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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