Cómo se escribe ¿Precisión o Precición?
Precisión y precición son palabras homófonas, pues tienen la misma pronunciación, y es por esta razón que no siempre queda clara la correcta ortografía al escribir. Por lo tanto, te aclaramos que la palabra correcta es precisión, mientras que «precición» no existe en el español por lo que nunca debes escribirla terminando en -ción.
Ahora que ya sabemos cómo escribir correctamente la palabra, te mostraremos su definición, ejemplos y otras informaciones útiles.
Definición de precisión
Precisión se define como la cualidad de preciso. Algo que es preciso es algo que se conoce de manera clara y nítida, de forma certera y sin vaguedad.
Ejemplos:
- El analista se destaca por la precisión de sus informes.
- Todos los cálculos matemáticos y físicos requieren gran precisión.
- Juan es un tirador con gran precisión.
- Este manómetro es un instrumento de gran precisión para medir la presión.
- El abogado definió la causa judicial con gran precisión ante el jurado.
Sinónimos de precisión
- Acierto
- Exactitud
- Rigor
- Minuciosidad
- Detalle
Cómo se dice precisión en otras idiomas
- Cómo se dice precisión en inglés: precision
- Cómo se dice precisión en francés: précision
- Cómo se dice precisión en italiano: precisione
- Cómo se dice precisión en catalán: precisió
- Cómo se dice precisión en portugués: precisão

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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