Cómo se escribe ¿Póquer o Póker?
En el español se presentan muchas situaciones de confusiones que se producen por no saber si usar la raíz original o bien la forma castellanizada de una palabra al escribirla, ya que algunas veces es correcta una y a veces otra forma de escritura. Es en relación a esta problemática que analizaremos en este artículo, cómo se escribe: póquer o póker.
Algunos ejemplos de dudas relacionadas con palabras que no se sabe si escribirla de forma castellanizada o no son neoyorquino o neollorquino, eslogan o slogan, clic o click y harakiri o haraquiri, entre otros.
La palabra póker existe en el español ya que es reconocida por la Real Academia Española (RAE) por lo que puedes usarla sin problemas:
- Hoy hemos jugado una partida de póker.
- En el casino hay juegos de póker, blackjack y otros.
La forma más correcta de escribir la palabra es “póquer“, existiendo también en los diccionarios y en la RAE. Te mostramos sus significados a continuación:
- Juego de naipes con la baraja francesa, en donde 5 cartas son repartidas a cada jugador, ganando quien reúne la combinación mayor entre todas las mostradas.
Ejemplo: Juego el póquer con mi familia todos los domingos. - Se refiere a la jugada en el juego del mismo nombre, en la cual se reúnen cuatro cartas o dados del mismo valor.
Ejemplo: Gané el juego con un póquer de aces.
¿Cuáles son las variantes del póquer?
El juego del póquer tiene muchas variantes, y te mostramos las más jugadas:
- Texas Hold’em
- Omaha
- Seven card stud
- Heads-up póquer
- Razz
- Draw
¿Cómo se dice póquer en otros idiomas?
Es interesante ver como el nombre de juego se dice de forma similar en la mayoría de los idiomas:
- Cómo se dice póquer en Francés: poker
- Cómo se dice póquer en Alemán: poker
- Cómo se dice póquer en Italiano: poker
- Cómo se dice póquer en Portugués: pôquer
- Cómo se dice póquer en Catalán: pòquer
- Cómo se dice póquer en Inglés: poker

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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