Cómo se escribe ¿Pobrecito o pobresito?
La palabra pobrecito, con c, es la forma correcta de escritura, mientras que pobresito es una falta ortográfica, ya que no existe en nuestro idioma.
Cómo usar pobrecito
Pobrecito es un adjetivo que viene a ser el diminutivo de pobre, formada por esta misma palabra y el sufijo – cito. También puede funcionar como una exclamación, y sea cual sea el caso, se usa para indicar compasión, sincera o sarcásticamente. Pobrecito también puede ser sinónimo de mendigo.
Ejemplos:
- ¡Pobrecita ella! Pues no le tengo la más mínima compasión.
- Mira ese perrito solo en la calle, ¡pobrecito!
- ¡Pobrecito del que ose llevarme la contra!
- ¡Pobrecito niño! Se le perdió su madre.
- En esta calle a menudo hay un pobrecito tirado en la calle mendigando.
- El pobrecito de tu hijo es un niño con muy mala suerte.
Pobrecito también puede usarse como adjetivo calificativo:
- Su tía es una pobrecita ya que no tiene nadie quien la cuide.
Cómo se dice pobre en otros idiomas
- Cómo se dice pobre en Inglés: poor
- Cómo se dice pobre en Alemán arm
- Cómo se dice pobre en Francés: pauvre
- Cómo se dice pobre en Italiano: povero
- Cómo se dice pobre en Portugués: pobre

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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