Cómo se escribe ¿Piecito o Piececito?
En el español muchas veces es difícil poder construir el diminutivo de una palabra pues no es frecuente que lo tengamos que hacer, además de no aparecer ellos en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE). El caso que veremos en este artículo tiene relación con este problema, y en él analizaremos cómo se escribe: piecito o piececito, el diminutivo de pie.
Algunos ejemplos de dudas sobre diminutivos de palabras son calentito o calientito, pancito o panecito y florcita o florecita, entre otros.
En el español hay una regla que se aplica a casi todas las palabras, y dice que si la palabra es monosílaba (como ‘pie’), su diminutivo se construye agregando el sufijo -ecito. Esto se aplica a varias palabras como luz (lucecita), flor (florcita, florecita) o cruz (crucecita).
Sin embargo, la palabra ‘pie’ es una excepción a la regla ya que en este caso no se sigue la regla sino que se agrega además el interfijo -ec, quedando la forma correcta como ‘piececito‘:
- “Piececitos de niño, azulosos de frío” dice un poema de Gabriela Mistral.
- Los piececitos de mi bebé son de una piel muy suave.
Por lo tanto, ‘piecito’ no está correctamente escrito ya que la forma correcta es ‘piececito‘. Esto no sigue una norma específica sino que hay que aprenderlo. Ejemplos:
- Un piececito de bebé.
- Los piececitos del niño sobresalían de las sábanas.
Cómo se traduce pie en otros idiomas
Te contamos cómo se traduce pie en las principales lenguas, para que puedas aumentar tu vocabulario en ellos:
- Cómo se dice pie en inglés: foot
- Cómo se dice pie en portugués: pé
- Cómo se dice pie en francés: pied
- Cómo se dice pie en italiano: piede
- Cómo se dice pie en catalán: peu

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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