Cómo se escribe ¿Parezco o Paresco?【RESPUESTA FÁCIL Y RÁPIDA】

No es raro que muchos puedan confundirse entre las consonantes ‘s’ y ‘z’ al escribir, ya que al hablar no notamos la diferencia en sonida entre una y otra. Siendo así, en este artículo veremos un ejemplo de ello al mostrarte cómo se escribe: paresco o parezco.
Algunos ejemplos de dudas de escritura en relación al uso de la ‘s’ y la ‘z’ son meresco o merezco, agradesco o agradezco, reconozco o reconosco, entre otros. Pon atención porque te mostramos entonces en detalle cómo se escribe: parezco o paresco.
Paresco
No es la manera adecuada de escribir esta palabra, ya que al consultar la RAE (Real Academia Española) no figura en ningún sitio.
Parezco
Conforme aparece en la RAE, sí es la forma gramatical correcta, de la que se pueden extraer el siguientes significado:
- Poseer una apariencia o aspecto determinado.
- Ejemplo: Parezco recién salido del barbero. La verdad es que hoy conseguí acicalarme a la perfección.
Cómo se conjuga el presente de indicativo del verbo «parecer»
Ahora que ya sabes que la palabra correcta es ‘parezco‘, y que proviene del presente de indicativo del verbo parecer, pon atención para que veas cómo se conjuga correctamente:
- Yo parezco
- Tú pareces
- Él parece
- Nosotros parecemos
- Vosotros parecéis
- Ellos parecen
¿Cuál es el origen del verbo «parecer»?
La palabra ‘parecer‘ viene del latín vulgar parescere, compuesto por parere (aparecer, comparecer) y el sufijo -escere (-ecer, como en abastecer, adolecer y permanecer).
Sinónimos de parezco
Te presentamos los sinónimos del infinitivo “parecer”: opinión, dictamen, consejo, votó, juicio, sugerencia, idea, pensamiento, aparecerse, aparentar, asemejarse, comparecer, inclinarse, manifestarse, presentarse, semejarse, surgir.
Cómo se dice parezco en otros idiomas
Aprende nuevas lenguas con las traducciones de esta palabra;
- Inglés: appear/seem
- Francés: sembler/paraître
- Portugués: eu olho
- Italiano: guardo
- Alemán: ich sehe

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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