Cómo se escribe ¿Medio día o Mediodía?
Hoy hablaremos de 2 palabras homófonas, esto es, que suenan igual pero se escriben diferente, pero que sólo una de ellas existe en el idioma español. Estas palabras homófonas son las causantes de muchos errores ortográficos, y en este artículo veremos un ejemplo de esto, analizando cómo se escribe: medio día o mediodía, un término o concepto que denota la mitad del día.
Algunos ejemplos típicos de dudas sobre si escribir junta o separada la palabra son malcriado o mal criado, malentendido o mal entendido, medioambiente o medio ambiente y acaso o a caso, entre otros. La lectura es la mejor forma de mejorar la ortografía y puedes crear el hábito leyendo un poco cada noche antes de dormir.
La conjunción ‘medio día’, escrita separada, no existe en el español al no ser reconocida por el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), por lo que no debes escribirla de ese modo.
La palabra ‘mediodía’, escrita toda junta, sí existe en el español al ser recogida por la Real Academia Española y te mostramos cuáles son sus significados:
- Momento del día en que el sol está en su punto más alto.
Ejemplo: Al mediodía hacía un calor insoportable en verano. - Tiempo referido de forma aproximada a las doce de la mañana.
Ejemplo: Pasaré por tu casa por el mediodía. - Orientación al sur.
Ejemplo: Mi oficina está orientada hacia el mediodía.
Cómo se dice mediodía en otros idiomas
La palabra mediodía tiene las siguientes traducciones en otras lenguas:
- Cómo se dice mediodía en Inglés: noon, midday
- Cómo se dice mediodía en Francés: à midi
- Cómo se dice mediodía en Italiano: mezzogiorno
- Cómo se dice mediodía en Alemán: mittag
- Cómo se dice mediodía en Portugués: meio-dia

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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