Cómo se escribe ¿Lasitud o Laxitud?
Es frecuente que al intentar expresar una idea o concepto en español tengamos más de una alternativa en nuestra mente, confundiéndonos sobre la opción correcta. Si no tenemos clara la ortografía de algunas palabras entonces estaremos propensos a cometer algunos errores ortográficos. Por ello, en este artículo veremos un ejemplo de ello al mostrarte la diferencia entre lasitud y laxitud, 2 términos muy similares en su escritura.
Algunos casos interesantes en donde también hay similitud entre 2 términos, que pueden confundir a más de alguno, son ascético o aséptico, ascendente o ascendiente, flanquear o franquear y creatura o criatura, entre otros. Te mostramos en detalle cómo se escribe: laxitud o lasitud.
El término lasitud existe en el español, y la definición que nos da la RAE es ‘cansancio, falta de fuerzas o desfallecimiento’. Otros diccionarios la definen como ‘estado de cansancio y debilidad cercano al desfallecimiento’. Por lo tanto, ahora sabemos que lasitud es un adjetivo que hace referencia al cansancio extremo que alguien pueda sentir. Ejemplos:
- Subiendo el cerro comenzó a sentir una lasitud tal que no pudo avanzar más.
- Esta enfermedad me ha dejado con una lasitud que no me permite levantarme de la cama.
Por otra parte, laxitud también es reconocida por la RAE como un término existente del español, y su definición básica es ‘cualidad de laxo’ o ‘cualidad de lo que está flojo o que no tiene la tensión necesaria’. Otro significado puede ser ‘distensión o relajamiento’. Ejemplos:
- Observo una gran laxitud en las líneas eléctricas por lo que se deben tensionar más.
- Luego de un breve periodo de laxitud, los atletas retomaron su fuerte rutina de trabajo.
Laxitud también puede significar una conducta relajada, reflejando falta de firmeza en alguien o de estructura en alguna cosa. Ejemplos:
- En esta sociedad actual se observa una laxitud en las conductas de los jóvenes preocupante.
- Laxitud en las leyes que se refleja en un aumento de la delincuencia.
Sinónimos de lasitud
A continuación te mostramos los sinónimos de lasitud para que puedas incorporar y utilizar mayor vocabulario en el día a día:
- Desfallecimiento
- Agotamiento
- Cansancio
- Abatimiento
- Desmayo
- Languidez
- Postración
- Fatiga
- Desaliento
Por otra parte, ahora es el turno de mostrarte los sinónimos de laxitud, los cuales se deben usar según el contexto pues en algunos casos puede significar ‘descanso’ y en otras una falta de rigidez:
- Flojera
- Distensión
- Relajamiento
- Desánimo
- Dejadez
- Atonía
- Flojera
Cómo se dice laxitud en otros idiomas
Para poder expresarse bien en otras lenguas, es esencial adquirir vocabulario. Pon entonces atención a cómo se traduce laxitud en otros idiomas:
- Cómo se dice laxitud en inglés: (falta de tensión) laxity, slackness
- Cómo se dice laxitud en francés: laxité
- Cómo se dice laxitud en italiano: (relajación) trascuratezza, (falta de tensión) rilassatezza
- Cómo se dice laxitud en portugués: lassitude
- Cómo se dice laxitud en catalán: laxitud
Esperamos hayas podido apreciar de forma clara la diferencia entre laxitud y lasitud, ahora sabiendo que si bien son casi idénticas, tienen significados diferentes. Mientras lasitud se asocia con el cansancio extremo, laxitud normalmente se emplea para denotar una dejadez en la personalidad o bien en el trabajo.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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