Cómo se escribe ¿Innovar o Inovar?
La forma correcta de escribir la palabra es innovar, con doble ene. Por otra parte, inovar, con una ene, no existe en el idioma español por lo que nunca debes escribirla de esta última forma.
El pronunciar una palabra con doble ene no genera el mismo sonido que si fuese con una sola ene, sin embargo, es una diferencia marginal, por lo que muchos quizás no la perciben, y luego se confunden al intentar escribir la palabra.
Cuándo usar innovar
El verbo innovar equivale a mudar o alterar algo, introduciendo novedades. Se usa mucho en el mundo del comercio, cuando se refiere a actualizar un producto o empresa para satisfacer nuevas tendencias de mercado.
Ejemplos:
- Nuestra empresa va a innovar sus productos para que sean más atractivos al mercado.
- Vamos a innovar el envase de este cereal, para que se vea más moderno.
- Nuestra empresa debe innovar en la tecnología de emisiones para cumplir las nuevas metas de no contaminación.
- Se debe innovar este restaurante para que se vea más moderno y actual.
Sinónimos de innovar
- Mejorar
- Perfeccionar
- Reformar
- Modernizar
- Actualizar
- Progresar
- Crear
- Inventar
Cómo se dice innovar en otros idiomas
Cómo se dice innovar en inglés: innovate
Cómo se dice innovar en francés: inover
Cómo se dice innovar en italiano: innovare
Cómo se dice innovar en portugués: inovar

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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