Cómo se escribe ¿Hinchado o inchado?
¿Hinchado o inchado? Puedes ser difícil adivinar la forma correcta en la que debe escribirse simplemente escuchando la pronunciación. La confusión radica en que la h es una letra muda por lo que al hablar se pronuncia de igual forma si la usamos o no, pero en la escritura es otra historia…
Cuándo usar hinchado
El término hinchado se refiere al participio pasado del verbo hinchar. Ahora bien, el verbo hinchar tiene varios usos, por lo que a continuación te guiaremos a cómo usarlo correctamente:
Primeramente, hinchar tiene el significado de hacer que algo aumente de volumen o caudal:
- La burbuja de jabón se ha hinchado rápidamente.
- El río se ha hinchado a causa de las altas lluvias.
Otro significado de hinchar es inflamarse una parte del cuerpo a causa de un golpe o herida:
- Tengo la rodilla hinchada por el accidente.
- Se me ha hinchado la cara luego de que me picaron varias abejas allí.
- Se te ve el ojo un poco hinchado.
Cuando estamos hablando del estilo lingüístico, hinchado se refiere al uso exagerado o redundante de ciertas expresiones:
- El es un político acostumbrado a hablar hinchado para presumir de su grandeza.
- Este es un poema con un lenguaje muy hinchado que cansa a la vista.
Por último, un uso frecuente de hinchado es para referirse a un envanecimiento o presunción exagerada de alguien:
- Pedro anda todo hinchado ahora que se compró un deportivo.
- No te pongas hinchado ahora que ganas mucho dinero.
Sinónimos de hinchado
- Inflamado
- Agrandado
- Abultado
- Aumentado
- Inflado
- Henchido
Cómo se dice hinchado en otros idiomas
- Cómo se dice hinchado en inglés: swollen
- Cómo se dice hinchado en portugués: inchado
- Cómo se dice hinchado en italiano: gonfio
- Cómo se dice hinchado en catalán: inflat
- Cómo se dice hinchado en francés: gonflé

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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