Cómo se escribe ¿Haya o Haiga?
En el español hay varias expresiones o palabras que por su popularidad se cree que son parte del idioma español pero no es así. Hoy abordaremos un caso típico de esta problemática al contarte cómo se escribe haya o haiga, que normalmente busca expresar una conjugación del verbo haber.
Algunos ejemplos de dudas de escritura de conjugaciones muy frecuentes, además de haya y haiga, son tuve o tube, este o esté, dige o dije y doy o doi, entre otros.
La palabra ‘haiga‘ es considerada un vulgarismo al ya haber sido ocupada popularmente en tiempos antiguos pero hoy definitivamente no forman parte del idioma español, al no ser reconocida por el Diccionario de la Real Academia Española (RAE).
La única definición que la RAE nos entrega de esta palabra es ‘un auntomóvil ostentoso y grande, normalmente de origen estadounidense’, que también lo define como un significado en desuso:
- Me compré un haiga del año 60 restaurado.
Ahora bien, si pensabas usar ‘haiga‘ como una conjugación del verbo haber, definitivamente está incorrecto.
Haya
La forma correcta de escritura es ‘haya‘, la cual corresponde a la primera y tercera persona del singular del presente de subjuntivo del verbo haber:
- El que yo lo haya contado no quiere decir que me haya gustado esa historia.
- No sé si haya chances de obtener un boleto para el concierto.
- Es probable que haya lluvia esta tarde.
- No sé si lo haya hecho en el pasado, no recuerdo.
Por lo tanto, ‘haya’ puede en algunos casos preceder a un verbo en participio para formar el pretérito perfecto de subjuntivo del verbo que se esté usando (‘haya querido’, ‘haya venido’, etc.).
Según la RAE y otros diccionarios, ‘haya‘ también puede referirse, de forma poco usada, a :
- Árbol de la familia de las Sagáceas.
- Donativos que los discípulos hacían a sus maestros en la escuelas de baile español para ciertas festividades como la Pascua.
¿Cómo se dice haiga o haya? Esperamos te haya quedado clara la respuesta. La forma correcta es ‘haya‘, que procede del verbo haber.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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