Cómo se escribe ¿Hambruna o Ambruna?
La forma correcta de escritura es hambruna, con «h». Por otra parte, escribir «ambruna» sin hache es caer en una incorrección lingüística.
Dado que la hache es una letra muda, la pronunciación de hambruna y ambruna es la misma lo que puede provocar confusión en la escritura. Ahora que ya sabes la palabra correcta es hambruna, te mostramos cómo utilizarla adecuadamente.
Cuándo usar hambruna
Hambruna se define como la escasez generalizada de alimentos, lo que generalmente se aplica a una nación entera. Cuando existe hambruna, esto eleva la tasa de mortalidad debido al hambre y a la desnutrición.
- La crisis económica provocó una hambruna sin precedentes en el país.
- La hambruna se generalizaba en la ciudad sitiada a medida que pasaban los días.
Datos sobre la hambruna
- Se estima que alrededor de 24,000 personas mueren cada día de hambre o de causas relacionadas con el hambre, o sea, aproximadamente un 16% del total de muertes diarias.
- Un 75 % de los fallecidos por hambruna o hambre son niños menores de cinco meses.
- La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que entre 2011 y 2013 el hambre crónica afectó a 842 000 000 de personas en el mundo
Cómo se dice hambruna en otros idiomas
- Cómo se dice hambruna en inglés: famine
- Cómo se dice hambruna en portugués: fome
- Cómo se dice hambruna en catalán: fam
- Cómo se dice hambruna en francés: famine
- Cómo se dice hambruna en italiano: fame

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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