Cómo se escribe ¿Hackeo, Haqueo o Jaqueo?
La forma correcta de escritura es hackeo y jaqueo, que significan lo mismo. Por su parte, haqueo no existe en el idioma español por lo que nunca debes escribirlo de esta forma.
En el caso de jaqueo y hackeo, ambas palabras (que son sinónimos) se pronuncian igual por lo que son consideradas palabras homófonas. Haqueo tiene una pronunciación diferente pues en ese caso la «h» es muda, contrario a cómo se pronuncia hackeo, donde la «h» es aspirada, siendo una influencia de la fonética inglesa.
Cómo usar jaqueo y hackeo
Jaqueo, o hackeo, se define como la acción y efecto de jaquear, siempre y cuando «jaquear» se use con el sentido de «introducirse de forma no autorizada en un sistema informático».
Ejemplos:
- Si pones un antivirus en tu computadora, evitarás que te hagan un hackeo/jaqueo a tus archivos.
- Me han hecho un hackeo/jaqueo así que perdí la información en mi dispositivo.
Si bien ambas palabras están aceptadas en el idioma español, se sugiere usar «jaqueo» por ser una adaptación al español. Si se usa «hackeo», se sugiere que sea con cursiva.
Tipos de jaqueo/hackeo
- Hackeo por motivación económica: Se refiere al robo de dinero a particulares o empresas para obtener ganancias económicas delictivas. Por ejemplo, el robo de números de tarjeta de crédito, estafas de otro tipo o defraudación a bancos.
- Hackeo por prestigio: Se refiere a la actividad delictiva con el fin de obtener un mayor prestigio o credibilidad entre otros pares hackers, lo cual motiva a algunos hackers a dejar su marca en los sitios web que piratean como una muestra de su capacidad para penetrar en sistemas de difícil acceso.
- Hackeo por robo de información comercial: Este se refiere al espionaje de tipo corporativo o empresarial, en donde los hackers de una empresa buscan robar información sobre los productos y servicios de la competencia con el fin de obtener una mejor posición en el mercado.
- Hackeo como arma geopolítica: Por último, este tipo de jaqueo es el que efectúan naciones o gobiernos con el ánimo de robar información sensible de empresas estratégicas y/o de inteligencia nacional de una nación enemiga, para desestabilizar la infraestructura de sus adversarios o debilitar su influencia.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

Deja una respuesta