Cómo se escribe ¿Garaje o Garage?
Muchas veces en español no sabemos si escribir una palabra con «g» o «j» ya que ambas letras suenan igual cuando van seguidas de ciertas vocales. Es el caso que vamos a analizar ahora, entre garaje y garage.
Siendo una palabra de origen francés, es normal que conserve la grafía propia de su lengua, pero al “castellanizarse” todas las palabras extranjeras acabadas en “-age” terminaron por escribirse con “je”.
Garage
Esta palabra no es correcta, ya que no aparece en la RAE (Real Academia Española), y es una confusión con la palabra original francófona, que se escribe así.
Garaje
Garaje es la forma correcta, tal y como muestra la RAE con los siguientes significados:
- Lugar en donde se guardan automóviles. Puede ser gratuito o de pago.
- Ejemplo: Todos los días aparca su coche en el garaje.
- Taller o establecimiento en el cual se reparan vehículos averiados.
- Ejemplo: Tuvo que llevar al garaje la motocicleta, ya que no arrancaba.
Sinónimos de garaje
Con cualquiera de estos sinónimos deberías ser capaz de dar un toque más personal a tus textos:
- Aparcamiento
- Cochera
- Estacionamiento
- Parking
Cómo se dice “garaje” en otros idiomas
Nada mejor que observar las diferentes lenguas para darse cuenta de la variedad de grafías para cada palabra:
- Cómo se dice “garaje” en inglés: garage
- Cómo se dice “garaje” en francés: garage
- Cómo se dice “garaje” en portugués: garagem
- Cómo se dice “garaje” en italiano: posto macchina
- Cómo se dice “garaje” en alemán: garaje/ tiefgarage
En resumen, debes recordar que “garage” no se escribe en español, por lo que intenta utilizar la forma adecuada.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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