Cómo se escribe ¿Gabacho o Gavacho?
Las letras ‘b’ y ‘v’ tienen sonidos similares especialmente cuando no modulamos bien o bien hablamos de forma rápida, por lo que es normal para muchos confundirse sobre cuáles letras usar en la escritura de ciertas palabras. Hoy analizaremos si escribir gabacho o gavacho, que viene a recoger esta misma problemática.
Algunos ejemplos de dudas que aparecen por no saber si escribir con ‘b’ o ‘v’ son vacilar o bacilar, iba o iva, tuve o tube y valija o balija, entre otros, entre otros.
Te contamos en detalle cómo se escribe gavacho o gabacho, además de su definición.
La palabra ‘gavacho‘ no existe en el español al no ser reconocida por el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), por lo que no debes escribirla con ‘v’.
La forma correcta de escritura es gabacho, con b, y que se refiere de forma coloquial y despectiva a los habitantes de Francia, especialmente por parte de los españoles.
El origen de la palabra gabacho podría estar en el término gavatx, que en catalán significaba extranjero hace algún lustre. Esto sería a causa de un hecho histórico que ocurrió hace algunos siglos atrás, y que se nos dice que en 1659 se juntaron ciudadanos de ambas nacionalidades en Puigcerdá (región de Cerdaña) para festejar, pero que la fiesta terminó en tragedia al masacrar los españoles a los franceses, gritando: “¡mateu els gavach, han governat Espanya massa temps!
El término gavatx era usado por la gente de esa región en forma despectiva contra los franceses, y habría derivado en la palabra actual gabacho, con el mismo significado.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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