Cómo se escribe ¿Friego o Frego?
Algunos verbos tienen cierta complicación cuando se trata de conjugarlos, por lo que quizás hayamos visto por ahí más de una manera de hacerlo, siendo lógicamente una de ellas incorrecta. Es el caso que veremos en este artículo, al analizar si es friego o frego la forma correcta de referirse a una conjugación del verbo fregar.
Algunos ejemplos interesantes de dudas de escritura en relación a conjugaciones verbales son cogo o cojo, cojen o cogen, estuviese o estuviera y va a ser o va a hacer, entre otros.
El verbo fregar se define por la RAE como ‘restregar con fuerza una cosa sobre otra’, aunque también puede significar ‘limpiar algo al restregarlo con un utensilio adecuado, como un estropajo o trapo’. En algunos contextos más coloquiales, fregar también puede significar ‘molestar’ o ‘fastidiar’. Ejemplos:
- Tengo que fregar el piso sucio.
- Puedes fregar las vajillas que hemos usado en el almuerzo.
Ahora bien, en cuanto a su conjugación, la forma correcta es friego, que corresponde a la primera persona del presente de indicativo del verbo fregar. De igual forma, la RAE reconoce como correctas las palabras derivadas, como friegaplatos o friegasuelos.
Hay que decir que el verbo fregar en su origen tenía una e cerrada (ẹ), al igual que el verbo prender. Siendo así, su presente (en primera persona) debería haber sido, si siguiéramos las reglas de nuestra lengua, frego o penso (como en el caso de prender –> yo prendo). Ahora bien, por una influencia de otros verbos que tienen la e abierta (ę), como sentir o perder (yo siento, yo pierdo), se modificó su conjugación siguiendo esta lógica, que incluye la letra ‘i’.
Como fregar tiene la e cerrada, se debería diptongar, como en ‘yo siento’ (ya que sentir tiene la e tónica abierta). Sin embargo, ya sabemos que fregar no sigue esta misma lógica.
¿Cómo se conjuga el presente se fregar?
- Yo friego
- Tú friegas
- Él friega
- Nosotros fregamos
- Vosotros fregáis
- Ellos friegan
La misma lógica modificada se puede decir de los verbos regar, pensar o helar, cuyas conjugaciones en primera persona del presente también incluyen una ‘i’:
- Yo hielo
- Yo pienso
- Yo riego

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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