Cómo se escribe ¿Florecita o Florcita?
En español existen muchas palabras que en su diminutivo nos provocan problemas, y en este artículo veremos un ejemplo de ello al analizar cómo se escribe: florcita o florecita. El diminutivo de flor probablemente lo habremos visto de ambas formas, lo que no nos da seguridad sobre si ambas son correctas o no.
Algunas dudas muy frecuentes de escritura en relación a cómo escribir una palabra en diminutivo son calentito o calientito, pancito o panecito, piecito o piececito y amorcito o amorsito, entre otros.
Florecita
Para construir el diminutivo de la palabra, no hay una regla que pueda aplicarse a todos los casos, quedando muchas veces sujeta la respuesta al uso local. Los sufijos que existen en el español para construir el diminituvo son: -illo, -ito, -ico, -uelo, -cito, -ecito, -ecillo, -ececito, -ecico, -ecillo y sus respectivos femeninos.
Sin embargo, para la mayoría de los casos hay una norma que puede aplicarse, y para ello se debe contar el número de sílabas de la palabra raíz. Las palabras monosílabas (como flor) normalmente construyen el diminutivo con el sufijo -ecito, con algunas excepciones como pie (pie–>pie-ce-cito). Siendo así, lo más correcto sería escribir florecita.
- Está lleno de florecitas en el jardín.
- Le regalé a mi novia una linda florecita.
Florcita
Como vimos, si usamos la regla previamente descrita, la forma más correcta es florecita, sin embargo, en algunos países se acepta el uso de florcita, especialmente en relación a los nombres de niñas.
- Mis hijas se llaman María y Florcita.
Cómo se dice flor en otros idiomas
Te mostramos, para tu cultura general, cómo se traduce flor en los principales idiomas europeos:
- Cómo se dice flor en inglés: flower
- Cómo se dice flor en portugués: flor
- Cómo se dice flor en italiano: fiore
- Cómo se dice flor en francés: fleur
- Cómo se dice flor en catalán: flor

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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