Cómo se escribe ¿Fans o Fanes?
Algunas palabras en plural nos cuesta escribirlas, especialmente las que se refieren a palabras monosílabas o de términos que han sido importados de otras lenguas (como los anglicismos en el caso del inglés). En este artículo veremos un caso de esto al mostrarte cómo se escribe fan o fanes, en referencia al plural de ‘fan’.
Algunos casos de dudas de escritura en relación a dudas sobre anglicismos son gais o gays, puzle o puzzle, esmog o smog y sánguche o sándwich, entre otros.
Habremos visto muchas veces la palabra ‘fans‘ para referirse al plural de fan, pero la verdad es que no está registrada en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), por lo que es una palabra inexistente en nuestra lengua.
Por lo tanto, si ves frases como ‘las fans abordaron al músico a la salida del hotel’ o ‘somos fans de Juan Luis Guerra’, debes saber que técnicamente está incorrectamente escritas, por mucho que sean popularmente aceptadas.
La forma correcta de referirse al plural de ‘fan’ es ‘fanes‘, siendo reconocido por la RAE. El término singular ‘fan’ es definido por la mayoría de los diccionarios como ‘admirador, entusiasta o seguidor de algo o alguien’. Ejemplos:
- Los fanes se juntaron en las afueras del estadio antes del show.
- Somos fanes del trekking en los cerros.
El término ‘fan‘ es un anglicismo (abreviación de ‘fanatic’ en inglés) pero al ser adaptado al español, su plural debe terminar en -es, quedando como ‘fanes‘ (al igual que pan–>panes, flan–>flanes o yen–>yenes).

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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