Cómo se escribe ¿Experimento o Esperimento?
En muchos casos nos confundimos al intentar escribir ciertas palabras pues no estamos seguros si va una ‘x’ o ‘s’ al ser el sonido muy parecido. Hoy hablaremos de 2 palabras que se pronuncian parecido: experimento y esperimento.
Algunos ejemplos interesantes de dudas de escritura que conviene repasar son hondo u ondo, habrir o abrir, asta o hasta y ceseo o seseo, entre otros. En este artículo te contamos cómo se escribe experimento o esperimento.
Debido a la pronunciación equivocada del sonido “x” (como /gs/ en lugar de /ks/) en la lengua oral, esto se traduce en una mala escritura por parte del hablante y aparecen errores como “esperimento”, una palabra que no aparece en ningún diccionario por estar mal escrita.
Experimento
En cambio “experimento” es la manera adecuada de escribir, y tiene las siguientes definiciones:
- Acción y efecto de experimentar.
Ejemplo: Los científicos realizaron varios experimentos con el fin de averiguar si las ballenas tenían un sistema de comunicación parecido al de los delfines. - Prueba que se realiza para comprobar cierta hipótesis o teoría provocando un fenómeno con unas condiciones controladas, con el fin de obtener un resultado concreto.
Ejemplo: Sus salidas nocturnas eran sólo un experimento, no le interesaba encontrar pareja sino comprender cómo se comportaba la gente en ciertos ambientes sociales. - Examen que se realiza para conocer las propiedades de algo.
Ejemplo: Tras varios experimentos encontraron el sabor perfecto para su nueva marca de bebidas isotónicas.
Como todas las palabras cuyo prefijo es “ex”, del latín que significa “fuera de” o “más allá”, siempre se van a escribir con “x” si poseen un significado relacionado. En latín se dice “experimentum”, que viene a significar “descubrir lo oculto mediante prueba”.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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