Cómo se escribe ¿Esfuerzo o Esfuerso?
Cada vez que tenemos palabras homófonas, esto es, que tienen igual pronunciación, se produce confusión en muchas personas sobre la adecuada ortografía al escribir, y una caso ejemplar de esto es con esfuerzo y esfuerso, pues las letras «s» y «z» se pronuncian idpenticamente en todos los países hispanohablantes del continente americano (España no está incluida, claro está).
Debemos entonces aclarar que esfuerzo es la forma correcta de escribir la palabra, con «z», ya que el término «esfuerso«, con «s», no existe en el idioma español. Ahora que ya está aclarada la ortografía, pon atención a cómo utilizar el término «esfuerzo» de forma adecuada.
Cuándo usar esfuerzo
Esfuerzo se define como el empleo enérgico de la fuerza física contra algún impulso o resistencia, o bien para conseguir algo venciendo dificultades.
Ejemplos:
- Tuvimos que hacer un gran esfuerzo para sacar a flote este negocio.
- Si quieres una medalla olímpica, eso implicará mucho esfuerzo y entrenamiento.
- Con gran esfuerzo logré subir la montaña.
- El esfuerzo de cargar tantos bultos era demasiado para él.
Esfuerzo a menudo equivale a un gasto elevado de recursos para hacer cierta cosa:
- A mis padres les costó un gran esfuerzo poder pagar mi educación.
Sinónimos de esfuerzo
- Afán
- Sudor
- Trabajo
- Empeño
- Sacrificio
- Denuedo
- Ánimo
Cómo se dice esfuerzo en otros idiomas
- Cómo se dice esfuerzo en inglés: effort, sacrifice
- Cómo se dice esfuerzo en francés: effort
- Cómo se dice esfuerzo en italiano: sforzo
- Cómo se dice esfuerzo en portugués: esforço
- Cómo se dice esfuerzo en catalán: esforç

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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