Cómo se escribe ¿Ensallo o Ensayo?

La palabra escrita de forma correcta es «ensayo«, denominándose así al examen, prueba o experimento sobre un determinado suceso.
Para aprender cómo se escribe esta palabra, hay que fijarse en su infinitivo, “ensayar”, desde el cual hereda dicha consonante.
La confusión proviene de que en el lenguaje oral no se distingue entre los fonemas «ll» e «y», dando lugar a muchas confusiones.
Ensallo
No es la forma adecuada de redactar la palabra, ya que no figura en la RAE.
Ensayo
Esta es la manera correcta de escribir. Posee los siguientes significados:
- Acción y efecto de ensayar.
- Ejemplo: Los actores se preparaban para el ensayo antes de la obra de teatro.
- Género de prosa en donde el autor redacta la obra con un estilo y voz personales.
- Ejemplo: La Ilíada es el ensayo en prosa en griego más antiguo en todo el mundo.
Sinónimos de ensayo
Mejora tu expresión escrita con estos sinónimos de “ensayo”:
Prueba, examen, experimento, entrenamiento, intento, reconocimiento, verificación, sondeo, tanteo, tentativa
Cómo se dice ensayo en otros idiomas
Es importante conocer las distintas lenguas para extender tus conocimientos:
- Cómo se dice «ensayo» en inglés: test/trial
- Cómo se dice «ensayo» en francés: essai/test
- Cómo se dice «ensayo» en portugués: ensaio
- Cómo se dice «ensayo» en italiano: prova
- Cómo se dice «ensayo» en alemán: versuch/essay
Para terminar, recuerda que “ensallo” es una palabra que está mal escrita, por lo que debes utilizar “ensayo” en su lugar.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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