Cómo se escribe ¿Enorabuena o Enhorabuena?
Las palabras homófonas son las que se escriben diferente pero tienen la misma pronunciación, y son las causantes de la mayoría de los errores de escritura por la confusión que generan al hablarse igual. Es el caso que veremos en este artículo, sobre si escribir enorabuena o enhorabuena, una palabra muy común en el español, especialmente en España.
Algunos ejemplos similares, en donde no se tiene certeza sobre si usar o no la ‘h’, son desheredar o deseredar, hala o ala, harto o arto y halla o alla.
Enorabuena
La palabra ‘enorabuena‘ no es recogida por el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) por lo que no debes escribirla sin la ‘h’ en medio de ella.
Enhorabuena
La forma correcta de escritura es ‘enhorabuena‘, con h. La Real Academia Española define a esta palabra como una felicitación (‘acción de felicitar’). Ejemplos:
- Debo darte mi enhorabuena por el gran trabajo que has realizado.
- Ella se merece una enhorabuena por haber conseguido ese acuerdo comercial.
También puede usarse como una exclamación: ¡Enhorabuena!, la cual denota felicidad o alegría expresada a alguien por alguna buena acción o logro conseguido, pudiendo traducirse también por ¡Felicitaciones! o ¡Congratulaciones!. Ejemplo:
- ¡Enhorabuena! Salistes primero en el examen de admisión.
Por último, está la expresión ‘estar de enhorabuena‘, que denota un estado de alegría por alguna buena noticia. Ejemplo:
- Ella está de enhorabuena por el viaje que se ha ganado al Caribe.
Cómo se dice ‘enhorabuena’ en otros idiomas
La palabra enhorabuena puede traducirse de la siguiente forma en otras lenguas europeas:
- Inglés: congratulations
- Francés: félicitations
- Portugués: parabéns
- Italiano: complimenti, congratulazioni
- Catalán: congratulacions

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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