Cómo se escribe ¿El sal o La sal?
Hemos aprendido y asimilado los géneros de cada palabra en nuestra etapa escolar, por lo que en general no tenemos problemas para saber si una palabra va acompañada del artículo masculino o femenino. Sin embargo, hay algunas palabras que nos provoca confusión saber su género, ya que quizás las hemos visto escrita con ambos, y algunas fonéticas nos pueden parecer extrañas.
En este artículo veremos un caso típico de esta problemática, ala analizar cómo se escribe: el sal o la sal. Algunos ejemplos típicos de dudas que existen en relación al género de una palabra son el sartén o la sartén, el mar o la mar y el azúcar o la azúcar y el área o la área, entre otros.
El sal
Si nos remitimos al Diccionario de la Real Academia Española (RAE), veremos que la palabra ‘sal‘ es un sustantivo femenino, por lo que escribir ‘el sal’ está incorrecto. Sí podríamos decir ‘el salero’, que es donde conservamos la sal.
La sal
La forma correcta de escritura, entonces, es ‘la sal‘, con el artículo femenino. Siendo así, todos sus derivados también deberán ser con el género femenino (sal yodada, sal fina, sal gruesa), así como adjetivos (mucha sal, poca sal, etc). Ejemplos:
- Pásame el salero con la sal, por favor.
- No le eches mucha sal al plato.
La sal tiene varios tipos disponibles en el mercado, para satisfacer todos los gustos, por lo que a continaución te mostramos los principales tipos de sal:
- Sal de mesa
- Sal gris
- Sal kósher
- Sal rosada de los Andes Peruanos
- Sal marina
- Sal gruesa
- Sal de manantial
- Sal del Himalaya
- Sal ahumada
Cómo se dice sal en otros idiomas
La palabra ‘sal‘ es usada en todas las mesas del mundo, por lo que te será útil saber cómo traducir sal en las principales lenguas:
- Cómo se dice sal en inglés: salt
- Cómo se dice sal en francés: sel
- Cómo se dice sal en portugués: sal
- Cómo se dice sal en italiano: sale
- Cómo se dice sal en catalán: sal

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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