Cómo se escribe ¿Donación o Donasión?
Donasión y donación son palabras homófonas, esto es, se pronuncian igual, razón por la que la correcta ortografía al escribir no siempre es tan obvia para muchos. Debemos entonces aclarar que la palabra correcta es donación, mientras que el término «donasión» no forma parte del idioma español, por lo que debe evitarse escribirse terminando en -sión.
Ahora que ya está aclarada la ortografía, te mostramos cómo utilizar «donación» de forma adecuada.
Cuándo usar donación
Donación se define como acción y resultado de donar. El verbo donar, a su vez, significa: «traspasar graciosamente a otra algo o el derecho que sobre ello tiene», aunque también puede tener el significado de ceder voluntariamente su sangre, algún órgano, etc., con destino a personas que lo necesitan.
Ejemplos:
- Voy a inscribirme para la donación de órganos cuando muera.
- Mi madre siempre realiza su donación mensual a la iglesia a la que asiste.
- La donación que se pide en esta colecta es voluntaria.
Sinónimos de donación
- Donativo
- Ofrenda
- Presente
- Dádiva
- Regalo
- Aporte
- Concesión
Cómo se dice donación en otros idiomas
- Cómo se dice donación en inglés: donation
- Cómo se dice donación en francés: donation
- Cómo se dice donación en italiano: donazione
- Cómo se dice donación en portugués: doação
- Cómo se dice donación en catalán: donació

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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