Cómo se escribe ¿Diverso o Diberso?
En el habla cotidiana aparecen muchas palabras que confunden al traspasarse al lenguaje escrito, y en veremos en este artículo el caso de diberso o diverso. La aclaración se refiere a las palabras con “v”, que algunas personas pronuncian como una “b” al hablar. Entre algunas confusiones típicas que envuelven el uso de la «b» y la «v» podemos mencionar a vasar o basar, cabe o cave, libido o lívido y abalar o avalar, entre otros.
Te mostraremos cómo se escribe: diverso o diberso.
“Diberso” no es una palabra correctamente redactada, siendo “diverso” la manera adecuada de escribir dicho adjetivo.
“Diverso” es la forma correcta de escribir la palabra, ya que existe en la RAE, y su significado es ‘números, formas, naturaleza o especie que no guardan una relación en común, que no se parecen’. Por lo tanto, diverso nos da la idea de cosas diferentes y con gran variedad. Ejemplos:
- Tuvo que redactar diversos documentos para su jefe, pues el plazo para terminar el proyecto estaba por terminar.
- Diversas aves habitan los parajes de esta isla, cada una de una especie diferente, pero conviviendo entre sí.
Te mostramos los principales sinónimos de la palabra diverso:
- Plural, heterogéneo, variado
- Diferente, distinto, dispar, desigual
Cómo se dice diverso en otras lenguas
Te será útil saber cómo se dice diverso en otros idiomas:
- Catalán: divers
- Italiano: diverso
- Portugués: diverso
- Inglés: diverse
- Francés: divers
- Alemán: vielfältig
Explicaciones ortográficas adicionales
Una regla ortográfica muy útil para este caso es:
Las palabras que comienzan por div- se escriben siempre con “v”. Excepciones: Dibujo (y sus derivados) y dibranquial.
El motivo de la diferencia entre lo escrito y lo que se pronuncia al hablar tiene su origen en el latín, ya que “diverso” en latín se escribe “diversus” y pasó a evolucionar heredando la escritura de dicha lengua muerta, pero en la particularidad del idioma español, no se distinguen los fonemas “v” y “b”, causando todo tipo de confusiones.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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