Cómo se escribe ¿Disgresión o Digresión?
Las palabras que son parecidas nos pueden confundir en la escritura si no tenemos claro cuál es la correcta, pudiendo llevarnos a cometer errores ortográficos que podrían dar una mala imagen de nuestra de nuestra ortografía. Por ello, veremos un caso de esta problemática al mostrarte cómo se escribe digresión o disgresión.
Algunos casos de dudas de escritura en relación a palabras parecidas entre si son proveído o provisto, andrógino o andrógeno, incapié o hincapié y adesivo o adhesivo, entre otros.
El término ‘disgresión‘ no existe en el español al no estar registrado en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE). Por lo tanto, si ves frases como «hizo una larga disgresión en su hablar sobre un tema no importante».
La palabra ‘digresión‘ sí existe en el español, por lo que es la forma correcta de escribir el término. Según la RAE y otros diccionarios, el significado de digresión es ‘parte de un discurso escrito o hablado que no tiene una relación con el tema principal de lo que se está hablando’.
En otros diccionarios, la definición de disgesión es ‘ruptura del hilo del discurso con un tema de poca relación con este’. Ejemplos:
- En su discurso sobre la ecología, hizo una innecesaria digresión hacia temas de política.
- Una digresión en el texto que confundía al lector sobre lo que realmente era el tema.
Sinónimos de digresión
Para que puedas adquirir más vocabulario y riqueza de vocabulario, te mostramos a continuación los principales sinónimos de digresión, según el contexto de la frase:
- Paréntesis
- Inciso
- Preámbulo
- Desviación
- Interrupción
- Circunloquio
- Indirecta
¿Cómo se dice: digresión o disgresión? Esperamos te haya quedado claro que la forma correcta de escribir la palabra es ‘digresión’.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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