Cómo se escribe ¿Discernir, Disernir o Dicernir?
La forma correcta de escritura es discernir, con «sc», mientras que disernir y dicernir están ambas incorrectas, por lo que se debe siempre evitar su uso.
Las 3 palabras son homófonas, o sea, que tienen la misma pronunciación, lo que ayuda a que muchos se confundan sobre la forma correcta de escritura. Ahora que ya sabes cuál es, te mostramos cómo usarla correctamente.
Cuándo usar discernir
Discernir es un verbo que se define como «distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas. Comúnmente se refiere a operaciones del ánimo». En otras palabras, discernir equivale a ver o distinguir una cosa como distinta de otra.
En general, la acción de discernir está ligada al ejercicio de un juicio moral o valoración, siendo un criterio que tiene alguien para diferenciar o distinguir entre varios elementos, analizando sus efectos y cómo interactúan entre sí.
Ejemplos:
- Puedo discernir entre algo de buena y mala calidad.
- A los niños hay que enseñarles a discernir desde pequeños lo bueno de lo malo.
- Puedo discernir cuál es la mejor alternativa de inversión.
- En la escuela me enseñaron a discernir entre las situaciones de riesgo o las que no son.
Sinónimos de discernir
- Distinguir
- Diferenciar
- Comprender
- Apreciar
- Juzgar
- Aclarar
Conjugación del presente de discernir
- Yo discierno
- Tú disciernes
- El, ella discierne
- Nosotros discernimos
- Vosotros discernís
- Ellos disciernen

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

Deja una respuesta