Cómo se escribe ¿Dinamo o Dínamo?
Hoy hablaremos de dínamo y dinamo, 2 palabras homófonas, esto es, que se pronuncian igual aunque se escriban diferente. La única diferencia entre ellas es si va con tilde o no, lo que puede confundir a muchos al intentar escribirlas (teniendo claro que el acento vocal va en la primera sílaba: di). Te mostramos entonces cómo escribir correctamente entre dinamo y dínamo.
La palabra dínamo, con tilde, existe en la Real Academia Española, por lo que puedes escribirla de esta forma.
La palabra “dinamo”, sin tilde, también existe en la lengua española, siendo reconocida por la RAE, por lo que puedes igualmente escribirla de este modo. Te presentamos su significado:
- Máquina o generador eléctrico que hace la transformación de energía mecánica a energía eléctrica, por medio de inducción electromagnética, al rotar los cuerpos en un campo magnético.
Ejemplo: Se averió la dinamo del automóvil.
¿Cómo se dice dinamo en otros idiomas?
Te mostramos las principales traducciones de dinamo a otras lenguas:
- Catalán: dinamo
- Portugués: dínamo
- Alemán: lichtmaschine
- Inglés: dynamo
- Francés: dynamo
- Italiano: dinamo
¿Cómo se creó el dinamo?
En el año 1831, Michael Faraday descubrió que si colocaba un conductor eléctrico que pasase por um campo magnético, esto generaría una diferencia de potencial, lo que vino a ser llamado comoLey de Faraday. Con este descubrimiento en mente, Faraday construyó el primer generador electromagnético, también llamado de disco de Faraday.
Sólo era cosa de tiempo para la aparición del dinamo, el primer generador eléctrico con fines industriales, construido en 1832 por la empresa francesa Hippolyte Pixii.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

Deja una respuesta