Cómo se escribe ¿Difución o Difusión?
La forma correcta de escritura es difusión, mientras que difución está incorrectamente escrita pues no existe en el español.
Es normal que hayan dudas en la escritura de difución y difusión pues son palabras homófonas, esto es, suenan de la misma forma, puesto que la letra «c» y la «s» se pronuncian de la misma forma cuando van seguidas de una «i» o «e».
Cómo usar difusión
El término difusión denota la acción y efecto de difundir. El verbo difundir, por su parte, equivale a extender, esparcir y/o propagar físicamente. Esto puede aplicarse a propagar la luz de un foco en varias direcciones o bien a divulgar en una sociedad conocimientos, noticias, modas, etc.
Ejemplos:
- La difusión del comunismo y el fascismo en el siglo pasado cambió la geopolítica del mundo para siempre.
- Vamos a estudiar en el laboratorio la difusión de la luz en el agua.
- La difusión del Sida ha sido una de las mayores epidemias del siglo XX.
- La difusión del inglés por todo el mundo ha marcado la era de la globalización.
- La difusión del conocimiento es esencial para crear una sociedad próspera.
- Los medios de difusión incluyen a la televisión, radio, periódico y redes sociales.
Sinónimos de difusión
- Expansión
- Transmisión
- Divulgación
- Publicidad
- Extensión
- Irradiación
- Propagación
Cómo se dice difusión en otros idiomas
- Cómo se dice difusión en inglés: diffusion
- Cómo se dice difusión en francés: diffusion
- Cómo se dice difusión en italiano: diffusione
- Cómo se dice difusión en portugués: difusão
- Cómo se dice difusión en catalán: difusió

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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