Cómo se escribe ¿Deis o Déis?

La escritura correcta es «deis«, que viene del verbo «dar», que significa dar, entregar o donar.
Es cierto que la palabra “deis” tiene la vocal tónica en la “e”, sin embargo, por la regla ortográfica; “las palabras monosílabas no llevan acento”, esta no se acentúa.
Déis
No es la forma correcta de la palabra, pues no se escribe con acento, por lo cual, no aparece registrada en la RAE.
Deis
Es la segunda persona del plural del presente de subjuntivo del verbo dar, cuyos significados son los siguientes:
- Donar, entregar.
- Ejemplo: Dio sus ropas a la caridad.
- Conceder, otorgar.
- Ejemplo: El juez dio el visto bueno para que se terminase el juicio.
- Convenir en una proposición.
- Ejemplo: Marta dio la razón a Emma, de modo que pudieron terminar el trabajo.
- Suponer, declarar, considerar.
- Ejemplo: El juez dio por terminado el juicio.
Sinónimos de deis
Los sinónimos que se facilitan son del infinitivo “dar”:
Entregar, donar, regalar, conceder, otorgar, asignar, atribuir, ceder, traspasar, facilitar, obsequiar, propinar, proporcionar, aportar, suministrar, proveer, conferir, surtir, legar, subvencionar, gratificar.
Cómo se dice deis en otros idiomas
Conviértete en políglota estudiando esta palabra en otros idiomas:
- Cómo se dice «deis» en inglés: give
- Cómo se dice «deis» en francés: donner/passer
- Cómo se dice «deis» en portugués: dar
- Cómo se dice «deis» en italiano: dare
- Cómo se dice «deis» en alemán: geben
Resumiendo, “déis” está mal escrito, así que no utilices el acento para escribir esta palabra.

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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