Cómo se escribe ¿Cortocircuito o Corto circuito?
Es normal que nos confundamos al intentar escribir ciertas palabras, si no sabemos si van juntas o separadas, ya que la pronunciación es la misma de ambas formas. En este artículo veremos un ejemplo de esta problemática al analizar cómo se escribe: cortocircuito o corto circuito.
Algunos ejemplos de dudas similares, en donde no hay seguridad si va o no un espacio en la palabra, son contramaestre o contra maestre, claroscuro o claro oscuro, bocamanga o boca manga y altamar o alta mar, entre otros.
La conjunción ‘corto circuito‘ escrita de forma separada, es reconocida por el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) por lo que su uso es correcto.
La RAE y otros diccionarios definen a corto circuito como ‘unión directa de forma accidental entre dos conductores de distinta fase o polos opuestos, produciendo un circuito que hace aumentar la intensidad de la corriente y generando una descarga. Ejemplos:
- Hubo un corto circuito en la casa y se cortó la luz.
- Cuidado con lanzar agua al enchufe, pues puedes causar un corto circuito.
La palabra ‘cortocircuito‘, escrita de forma junta, también es correcta ya que la RAE así lo estipula. Siendo así, puedes usarla de forma indistinta junto a ‘cortocircuito’, significando lo mismo:
- Quedamos a oscuras en la casa después del cortocircuito.
Cómo se dice cortocircuito en otros idiomas
Te mostramos cómo traducir la palabra cortocircuito en las principales lenguas:
- Cómo se dice cortocircuito en inglés: short-circuit
- Cómo se dice cortocircuito en francés: court-circuit
- Cómo se dice cortocircuito en italiano: corto circuito
- Cómo se dice cortocircuito en portugués: curto-circuito
- Cómo se dice cortocircuito en catalán: curtcircuit

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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