Cómo se escribe ¿Cortesía o Cortecía?
La forma correcta de escritura es cortesía, mientras que el término «cortecía» no existe en el idioma español. Cortecía y cortesía se pronuncian de la misma forma, razón por la que muchos se confunden sobre su correcta ortografía, pero ahora que yes está aclarada la palabra correcta, te mostramos cómo utilizarla de forma adecuada.
Cuándo usar cortesía
Cortesía se define como el conjunto de actos y expresiones con el que se manifiesta atención, consideración, educación y respeto en el trato social.
Ejemplos:
- Tuve la cortesía de responderle su hiriente carta.
- ¿Me harías la cortesía de abrirme la puerta?
- El es un galán que siempre actúa con cortesía ante las damas.
Cortesía también equivale a un regalo u obsequio como muestra de respeto o caballerosidad.
Ejemplos:
- Me dieron una revista de cortesía por suscribirme mensualmente.
- Al llegar a la habitación vi que había un kit de limpieza, cortesía del hotel.
- Con esa cortesía la empresa pretendía que me olvidara de mi reclamo.
Sinónimos de cortesía
- Urbanidad
- Gentileza
- Atención
- Cordialidad
- Afabilidad
- Distinción
- Elegancia
- Finura
Cómo se dice cortesía en otros idiomas
- Cómo se dice cortesía en inglés: courtesy
- Cómo se dice cortesía en francés: courtoisie
- Cómo se dice cortesía en italiano: cortesia
- Cómo se dice cortesía en portugués: cortesia
- Cómo se dice cortesía en catalán: cortesia

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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