Cómo se escribe ¿Cortaplumas o Corta plumas?
Ocurre con frecuencia que no estemos seguro en la escritura de muchas palabras, y en muchos de estos casos la causa se debe a que no tenemos seguridad si escribir las palabras juntas o separadas. Como ambas opciones suenan igual, algo que en el lenguaje hablado no presenta problemas sí los tiene cuando queremos escribir. Es dentro de esta problemática que en este artículo mostramos cómo se escribe: cortaplumas o corta plumas.
Algunos ejemplos de dudas que también se deben a no tener seguridad sobre si escribir junto o separado son malentendido o mal entendido, amenudo o a menudo, sobretodo o sobre todo y apenas o a penas, entre otros.
La palabra ‘corta plumas‘, escrita de forma separada, no es reconocida por el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) por lo que no debes usarla de este modo.
Cortaplumas
La forma correcta de escritura es ‘cortaplumas‘, escrita de forma toda junta. Según la RAE y otros diccionarios, cortaplumas significa ‘pequeña navaja que se usaba para cortar plumas de ave pero que actualmente tiene otros usos’:
- Siempre llevo mi cortaplumas cuando voy de campamento.
- Corta esa cuerda con el cortaplumas.
Debes notar que la forma ‘cortapluma‘, sin la ‘s’, también es reconocida por la RAE, y se usa así en Argentina, Chile y Bolivia, principalmente:
- Esta es una cortapluma suiza multiuso.
Cómo se dice cortaplumas en otros idiomas
Te mostramos la traducción de cortaplumas en los principales idiomas:
- Cómo se escribe cortaplumas en inglés: penknife
- Cómo se escribe cortaplumas en francés: canif
- Cómo se escribe cortaplumas en italiano: coltellino tascabile
- Cómo se escribe cortaplumas en portugués: canivete
- Cómo se escribe cortaplumas en catalán: ganivet

Soy catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ciudad en la que nací en 1968.
Hice el bachillerato de Ciencias; a los catorce años es difícil tener una orientación definida. En Preu me pregunté: “¿qué hago yo aquí, si a mí lo que me gusta es la literatura?”, y me pasé a Letras. En segundo de carrera la vocación se afirmó con la conciencia clara de que solo podía dedicarme a la investigación y a la docencia en Literatura. Pero mi preferencia estaba, no por la Contemporánea, sino por la literatura de los Siglos de Oro. Ya estaba iniciando la tesina sobre los cancioneros de Amberes de Jorge de Montemayor, cuando asistí al curso de José-Carlos Mainer sobre la “Edad de Plata”. Aquello removió mi fondo de lecturas juveniles, y pude verlas a una nueva luz. Cambié a Montemayor por Pérez de Ayala, y fui adentrándome en esa época fascinante: el “fin de siglo” y los treinta primeros años del XX.
No abandoné la literatura de los Siglos de Oro; en la docencia siempre me he dedicado a esta época con verdadera pasión. En los más de cuarenta años que llevo en las aulas, siempre he asumido la docencia de los siglos XVI y XVII, con preferencia, este último. No hay nada, en mi profesión, comparable a tratar con detenimiento sobre el Quijote. Para mis colegas soy un investigador en Contemporánea; para mis alumnos, un profesor de Renacimiento y, sobre todo, de Barroco.

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